De Idaea

¿Neurodiversidad? Sí, cómo no.

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My boheme

En El País de las Últimas Cosas no son lo que importan los personajes, sino la ciudad, la ciudad.

“These are the last things…When you live in the city, you learn to take nothing for granted. Close your eyes for a moment, turn around to look at something else, and the thing that was before you is suddenly gone. Nothing lasts, you see, not even the thoughts inside you.”

Esa miseria que Auster describe no tiene nada de personal. Aunque es tan cercana, es una distopía de lo verosímil y lo presente. Parece una descripción de Buenos Aires, quizás en un par de gestos o gestiones.

Pero no es una miseria grandilocuente, es la miseria del protagonista, del experimentador. Por eso, supongo, es modestamente encantadora. Porque está aquí, con nosotros.

Me hubiera gustado que la finitud de alguna forma lo acabara todo.  

Por último, ese triunfo sobre la muerte, aunque se planifique, no puede ser garantizado. Y esa, en definitiva, es la victoria que queremos.